Animales que cruzan las rutas, fallas mecánicas supuestamente imposibles, el subestimar al factor climático, el cansancio de los conductores, y por sobre todo el mal carácter de los transportistas, son los que causan las peores tragedias, y podemos dividirlos en tres áreas para un más eficiente control.
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Probablemente por acumulación de estrés, los transportistas de cargas o personas se vuelven agresivos, y por eso no le facilitan a nadie el superar a sus largos vehículos en la ruta, como si se tratara de una competencia, exponiendo a quien los supere a vérselas durante más tiempo en la situación de peligro latente del choque frontal contra los desprevenidos conductores que vengan por la mano opuesta, y no sería difícil hacer que una voz salga del G.P.S. y les ordene ceder el paso.
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Sin la sofisticación de los aviones, la tecnología actual permitiría hacer mini cajas negras muy económicas para instalar en autobuses y camiones.
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El G.P.S. también le permitiría a las direcciones de las empresas de transporte de pasajeros constatar económicamente a qué velocidad transitan sus conductores para poder llamarlos al segundo de cometer una infracción. Recibiendo información de los mismos elementos técnicos, la empresa licenciataria podrá hacer un segundo control, además ésta tendrá el deber de hacer inspecciones técnicas a camiones y autobuses [en el pliego de la liciación se determinará a qué porcentaje se debe revisar, según su criterio, pero con más preponderancia de vehículos con más años rodando].
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La triprivatización radica en que una empresa es la encargada de la infraestructura, pero otra obtendrá la concesión para el cobro del peaje, mantenimiento, y servicios adicionales como la provisión de combustibles, auxilio mecánico, policía, y gastronomía [venta de alcohol].
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La tercera empresa será la encargada del transporte de pasajeros, a la que se entregará el monopolio sobre una ruta, de modo que si bien es imposible hacer un carril exclusivo para autobuses [como el metro-bus de la Ciudad de Buenos Aires] como habrá una sola empresa por ruta el seguimiento y la comunicación entre sus unidades imposibilitarían los accidentes entre ellas.
Esto forzaría a tener más puntos de transbordo y a tal vez en un viaje largo cambiar varias veces de autobus, pero será una incomodidad que sirve para dar mayor control y seguridad.
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Cada una de las tres empresas será veedora de las otras con derecho de veto, pues el mal desempeño de una perjudica a las otras.
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Esto se complementa con garantías y cruce de información entre las empresas sobre la cantidad de horas que llevan sin descansar sus conductores, con el registro e identificación de los mismos para evitar la ingesta de alcohol durante las paradas.